Cada edición de la Tamadaba Trail comienza mucho antes del pistoletazo de salida. Empieza en la imaginación, en la forma en que nos representamos como comunidad y como corredores de montaña. Y este año, la imagen que nos acompañará nace de un concepto poderoso:
Pertenencia. Unidad. Orgullo. Comunidad con alma propia.

La visión de la diseñadora
La creadora del cartel es Isora Macías, de Inventia, quien desde el inicio planteó que el diseño debía ser más que un recurso visual: tenía que ser un símbolo identitario, capaz de transmitir lo que significa correr en Tamadaba.
Su propuesta surge de varias ideas previas:
- La montaña como territorio compartido, no solo recorrido.
- El corredor como figura que no invade, sino que se funde con el entorno.
- La fuerza de los orígenes aborígenes de Gran Canaria, en los que la naturaleza y la comunidad eran inseparables.
De ahí nace una metáfora visual poderosa: una zapatilla que brota de la propia tierra. Su suela es roca volcánica; su empeine florece en montañas, pinos y senderos. Una zapatilla que no pisa el terreno, sino que lo prolonga.


Inspiración en lo ancestral
La obra mira también a los símbolos aborígenes y a esa noción de comunidad que nos define como pueblo. Los antiguos canarios entendían el territorio como algo sagrado, un espacio de vida y unión. Ese espíritu late en el cartel: no se trata solo de correr, sino de pertenecer a un todo mayor, de sentir orgullo por nuestras raíces y por el pinar que nos acoge.
Los colores y la fuerza del trazo
El diseño utiliza colores tierra y tonos cálidos, evocando la roca, la arena volcánica y la fuerza telúrica de Gran Canaria. El trazo es firme, como cada zancada en la montaña; pero también orgánico, recordándonos que cada paso está unido a la vida que nos rodea.
Una invitación a vivir Tamadaba
El cartel no es solo una imagen: es una puerta de entrada a la experiencia Tamadaba Trail. Una invitación a correr en comunidad, a rugir con el sendero, a respirar el pinar. Cabe recordar que este no es un evento aislado, sino un ritual de pertenencia y unidad, donde cada corredor y cada voluntario forman parte de una comunidad con alma propia.
Porque en Tamadaba, la montaña no se corre: se respira, se honra y se comparte.




